La respuesta podría llegar a confrontar a muchos, pero el objetivo es el de retar al crecimiento y la única manera de hacerlo es llamando las cosas por su nombre.
Para muchos el sueño es simple y llanamente el de llenar sus bolsillos aprovechando las oportunidades en el sector de la construcción, hacer los cálculos correctos y asegurar una muy buena rentabilidad que les permita seguir jugando en el mercado.
Seguramente y es lo esperado, para otros el sueño es marcar la diferencia y comenzar a trabajar en proyectos de diseño que permitan romper los esquemas mentales de una ciudad, que como Bogotá, a pesar de todas las obras que se encuentran en marcha, en gran parte de la ciudad, aun se ve un uniformamiento poco inspirador, claro, a excepción de algunos puntos en donde ha habido aportes que vale la pena rescatar y que sacan la cara por la capital del país.
Pero qué pasa con el resto de proyectos? Parece que cuando hay alguno que cambia el color del ladrillo, todos los demás se dedican a comprar el mismo color, cuando otro propone un cierto tipo de balcones mirando en diagonal, todos proponen balcones mirando en diagonal, que pasa con la creatividad y el diseño? Que pasa con la capacidad de aportar y recrear materiales, colores, texturas que aporten elementos interesantes a los miles de proyectos que se desarrollan en la ciudad en forma simultanea?
Hablando en particular del caso de Bogotá, en numerosas ocasiones la respuesta que se pone en evidencia es que muchos de estos gestores de la construcción responden a lo que el cliente pide. Los constructores se dedican a responder a lo que asumen, son las preferencias de sus potenciales compradores, lo cual sonaría lógico, pero a la vez, bastante desalentador, porque entonces, donde quedan las propuestas? Donde queda el ingenio que podría desplegarse para desarrollar ciudad? una ciudad que de una vez por todas salga de un aletargamiento creativo?
¿Qué si hay oferta? Si, por supuesto que la hay? Demanda? También, incluso, pese a lo absurdo del costo por metro cuadrado que encontramos hoy en Bogotá. Por fortuna espero con muchas ansias el despertar de los creativos y que por fin se entienda que debe haber propuestas muy por encima del llano deseo de producir una determinada rentabilidad tan ansiada por muchos, como es lógico. La arquitectura en Colombia debe comenzar a generar propuestas que aporten un valor y contenido cultural, en donde cada uno imprima su propio acento arquitectónico, cosa que hoy día sucede en muy pocos casos.
Es grato encontrar proyectos como VITRUM que marcará, sin lugar a dudas, por fin, una pauta arquitectónica con una propuesta muy interesante, rompiendo el molde del edificio al que estamos acostumbrados en la ciudad, que encantador es ver el inteligente atrevimiento de este proyecto que lidera en su diseño el muy reconocido arquitecto Richard Meier.
Bogotá necesitaba con suma urgencia una inyección potente de creatividad y despliegue de diseño para generar reflexión visual en la ciudad y un llamado a rescatar el verdadero valor de la arquitectura, que en palabras del mismo Meier, es la que conecta el presente con el pasado, lo tangible con lo intangible.
Prefiero pensar que no es falta de talento, de eso estoy segura, pero si es evidente que llegó la hora para los diseñadores, arquitectos, y constructores colombianos, de despertar, no pueden quedarse en la zona de confort, deben hacer una reflexión sobre como iniciar una conversación cultural a través de la arquitectura, por encima del simple lucro individual o de pensar meramente en la construcción estrictamente como un negocio.











